home / Monitorear el bien común
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El auto-monitoreo es el primer paso necesario para luchar contra los riesgos de la corrupción. Sin embargo, no es suficiente. Para contrarrestar la actividad ilícita, es también importante cuidar el bien común.
Un modo de hacerlo es mediante el monitoreo cívico, una forma de participación y compromiso que cada ciudadano/a puede poner en acción.
Para empezar una jornada en monitoreo cívico hay muchas acciones que la juventud puede realizar, y la primera es entender cuáles son sus propios deseos y necesidades (vea el llamado a la reflexión 2), interiorizando su propio derecho a saber.
El derecho a saber es doble: es un derecho, que complementa el conjunto básico de derechos humanos y deberes que deben ser asegurados a todo el mundo, pero también es una herramienta de transparencia que posibilita obtener la información pública que deseemos.
En efecto, si queremos salvaguardar el bien común, tenemos que conocerlo en profundidad; si necesitamos conocer qué es el bien común y cómo se maneja, necesitamos conseguir acceso a información relativa al mismo.
Las leyes nacionales e internacionales reconocen nuestro derecho a saber como derecho individual con una importancia y propósito colectivo, y subrayan la importancia de prevenir la corrupción y preservar la vitalidad democrática de nuestras comunidades.
El seguimiento es un reto: requiere pasión y un objetivo claro, pero también conocimientos y competencias.
Por eso es útil disponer de un método que pueda adaptarse en función del grupo, el tema, el contexto y el tiempo/energía de que se disponga.
De la reflexión nace la acción. Recuperar datos e información sobre las necesidades y deseos colectivos es lo que llamamos vigilancia del bien común. ¿Cómo se encuentran los datos que interesan? ¿Quiénes son las partes interesadas? ¿Cómo analizar y resumir los datos obtenidos? ¿Cómo difundir los resultados?
Una acción de seguimiento eficaz pasa necesariamente por un buen conjunto de datos, eventualmente por un informe de seguimiento, y a veces por una solicitud de acceso a la información: los datos, de hecho, a veces pueden no ser públicos todavía. Tienes las herramientas y el derecho a pedirlos, solicitando a las autoridades que los pongan a tu disposición.
Recopilar y procesar información para tu acción de monitoreo no debería conducirte a producir respuestas, sino a formular preguntas.
Un/a periodista diría “Deja a la información hablar”; nosotras/os diríamos más bien “Deja a la información hacer las preguntas cívicas”: empezando por la información, deberías ser capaz de identificar el principal núcleo del problema, es decir, elaborar una demanda central sobre el mismo. A esto lo llamamos “pregunta de monitoreo”, por ejemplo, una pregunta de interés público a ser abordada por las autoridades públicas (ya sean responsables de toma de decisiones políticas nacionales, políticos/as o administradores locales) a quienes se les ha confiado, por parte de la ciudadanía, el poder de gestionar el bien común.
Este tipo de “preguntas de monitoreo” son útiles para obtener información pública, centrando la atención pública en los problemas identificados, llamando a actuar para un cambio positivo, y para fundar una comunidad de monitoreo. ¡Descubre cómo hacerlo!
Tú eres lo que piensas, pero también lo que haces: así que, una vez hayas encontrado tu comunidad de monitoreo, ¡actúa!
De ahora en adelante, nuestro camino de monitoreo se transforma en interactivo y multinivel. En este punto, se convierte en una iniciativa conjunta de empoderamiento y activismo que aborda dos tipos de objetivos: quienes toman las decisiones públicas a nivel nacional o local, a quiénes la cuestión de monitoreo es dirigida; pero también a todas las personas afectadas positiva o negativamente por las dinámicas de monitoreo.
Puedes comunicarte con ambos grupos, con las herramientas adecuadas y los canales apropiados.
Al lidiar con autoridades públicas, siempre recuerda dirigirte a los interlocutores correctos, seria y coherentemente, en términos realistas y colaborativos basados en el conocimiento adquirido hasta ahora. Después de esto, monitorea la respuesta (o la ausencia de esta): ¡incluso el silencio es un mensaje en sí mismo!
¡A la hora de llegar a la ciudadanía, da rienda suelta a tu creatividad! Aquí entras en el campo de las campañas, donde puedes combinar múltiples herramientas en línea y fuera de línea para alcanzar la atención de tu audiencia y conseguir el apoyo a tu causa. E igual involucrar a más gente en tu grupo.
Un camino del monitoreo cívico siempre busca salvaguardar el bien común: y para hacerlo es necesario detectar que está “roto” y tratar de arreglarlo. Juntas/os.
Hasta este punto, el camino de tu comunidad de monitoreo puede ser considerado exhaustivo, pero no necesariamente concluido. Tu grupo de jóvenes se ha movido dentro del campo de compromiso cívico hasta el momento; los dos próximos pasos, por el contrario, se pasan al campo del activismo. Estos dos últimos pasos son opcionales, porque moverse hacia delante implica ir más allá de la acción de monitoreo.
No obstante, presentan una gran oportunidad para la juventud: empezando desde su propia dimensión diaria, podrían promover un cambio concreto que impacta en la vida de todas las personas. La juventud puede generar un cambio en las políticas nacionales, incluso más frecuentemente que las personas adultas.
El auto-monitoreo es el primer paso necesario para luchar contra los riesgos de la corrupción. Sin embargo, no es suficiente. Para contrarrestar la actividad ilícita, es también importante cuidar el bien común.
Un modo de hacerlo es mediante el monitoreo cívico, una forma de participación y compromiso que cada ciudadano/a puede poner en acción.
Para empezar una jornada en monitoreo cívico hay muchas acciones que la juventud puede realizar, y la primera es entender cuáles son sus propios deseos y necesidades (vea el llamado a la reflexión 2), interiorizando su propio derecho a saber.
El derecho a saber es doble: es un derecho, que complementa el conjunto básico de derechos humanos y deberes que deben ser asegurados a todo el mundo, pero también es una herramienta de transparencia que posibilita obtener la información pública que deseemos.
En efecto, si queremos salvaguardar el bien común, tenemos que conocerlo en profundidad; si necesitamos conocer qué es el bien común y cómo se maneja, necesitamos conseguir acceso a información relativa al mismo.
Las leyes nacionales e internacionales reconocen nuestro derecho a saber como derecho individual con una importancia y propósito colectivo, y subrayan la importancia de prevenir la corrupción y preservar la vitalidad democrática de nuestras comunidades.
El seguimiento es un reto: requiere pasión y un objetivo claro, pero también conocimientos y competencias.
Por eso es útil disponer de un método que pueda adaptarse en función del grupo, el tema, el contexto y el tiempo/energía de que se disponga.
De la reflexión nace la acción. Recuperar datos e información sobre las necesidades y deseos colectivos es lo que llamamos vigilancia del bien común. ¿Cómo se encuentran los datos que interesan? ¿Quiénes son las partes interesadas? ¿Cómo analizar y resumir los datos obtenidos? ¿Cómo difundir los resultados?
Una acción de seguimiento eficaz pasa necesariamente por un buen conjunto de datos, eventualmente por un informe de seguimiento, y a veces por una solicitud de acceso a la información: los datos, de hecho, a veces pueden no ser públicos todavía. Tienes las herramientas y el derecho a pedirlos, solicitando a las autoridades que los pongan a tu disposición.
Recopilar y procesar información para tu acción de monitoreo no debería conducirte a producir respuestas, sino a formular preguntas.
Un/a periodista diría “Deja a la información hablar”; nosotras/os diríamos más bien “Deja a la información hacer las preguntas cívicas”: empezando por la información, deberías ser capaz de identificar el principal núcleo del problema, es decir, elaborar una demanda central sobre el mismo. A esto lo llamamos “pregunta de monitoreo”, por ejemplo, una pregunta de interés público a ser abordada por las autoridades públicas (ya sean responsables de toma de decisiones políticas nacionales, políticos/as o administradores locales) a quienes se les ha confiado, por parte de la ciudadanía, el poder de gestionar el bien común.
Este tipo de “preguntas de monitoreo” son útiles para obtener información pública, centrando la atención pública en los problemas identificados, llamando a actuar para un cambio positivo, y para fundar una comunidad de monitoreo. ¡Descubre cómo hacerlo!
Tú eres lo que piensas, pero también lo que haces: así que, una vez hayas encontrado tu comunidad de monitoreo, ¡actúa!
De ahora en adelante, nuestro camino de monitoreo se transforma en interactivo y multinivel. En este punto, se convierte en una iniciativa conjunta de empoderamiento y activismo que aborda dos tipos de objetivos: quienes toman las decisiones públicas a nivel nacional o local, a quiénes la cuestión de monitoreo es dirigida; pero también a todas las personas afectadas positiva o negativamente por las dinámicas de monitoreo.
Puedes comunicarte con ambos grupos, con las herramientas adecuadas y los canales apropiados.
Al lidiar con autoridades públicas, siempre recuerda dirigirte a los interlocutores correctos, seria y coherentemente, en términos realistas y colaborativos basados en el conocimiento adquirido hasta ahora. Después de esto, monitorea la respuesta (o la ausencia de esta): ¡incluso el silencio es un mensaje en sí mismo!
¡A la hora de llegar a la ciudadanía, da rienda suelta a tu creatividad! Aquí entras en el campo de las campañas, donde puedes combinar múltiples herramientas en línea y fuera de línea para alcanzar la atención de tu audiencia y conseguir el apoyo a tu causa. E igual involucrar a más gente en tu grupo.
Un camino del monitoreo cívico siempre busca salvaguardar el bien común: y para hacerlo es necesario detectar que está “roto” y tratar de arreglarlo. Juntas/os.
Hasta este punto, el camino de tu comunidad de monitoreo puede ser considerado exhaustivo, pero no necesariamente concluido. Tu grupo de jóvenes se ha movido dentro del campo de compromiso cívico hasta el momento; los dos próximos pasos, por el contrario, se pasan al campo del activismo. Estos dos últimos pasos son opcionales, porque moverse hacia delante implica ir más allá de la acción de monitoreo.
No obstante, presentan una gran oportunidad para la juventud: empezando desde su propia dimensión diaria, podrían promover un cambio concreto que impacta en la vida de todas las personas. La juventud puede generar un cambio en las políticas nacionales, incluso más frecuentemente que las personas adultas.